La enfermedad de Parkinson: un enfoque de salud pública

La enfermedad de Parkinson es un reto de salud pública cada vez mayor que requiere un fuerte esfuerzo de prevención en vista de la dificultad que existe en muchos países para acceder a la atención y la medicación.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado el informe La enfermedad de Parkinson: Un enfoque de salud pública, un documento que resume la carga mundial, las lagunas en el tratamiento y las acciones clave a poner en marcha para la enfermedad de Parkinson (EP). Este material hace especial referencia a cuestiones como la prevención, los desafíos en el acceso a la atención médica y las oportunidades de prestación de servicios en los sistemas sanitarios.

METODOLOGÍA

El informe se basa en la evidencia de una revisión de la literatura encargada por la OMS, la consulta con expertos/as internacionales en la enfermedad de Parkinson e incluye consideraciones para la política, la implementación y la agenda de investigación para la EP con un enfoque en los países de ingresos bajos y medios (PIBM).

El documento se dirige a los/as responsables políticos/as, a los/as gestores/as de programas de salud, a los sistemas de atención sanitaria, a la comunidad investigadora, a las personas afectadas, sus familiares y las personas cuidadoras, y apoyará la aplicación del plan de acción intersectorial sobre la epilepsia y otros trastornos neurológicos recientemente adoptado.

 

SITUACIÓN GLOBAL DE LA ENFERMEDAD DE PARKINSON

A nivel mundial, la discapacidad y el fallecimiento a consecuencia del párkinson están aumentando más rápidamente que las de cualquier otro trastorno neurológico. A pesar del significativo impacto, existe una desigualdad en la disponibilidad de recursos para manejar la enfermedad de Parkinson, especialmente en los PIBM.

La prevalencia del párkinson se ha duplicado en los últimos 25 años, con estimaciones globales en 2019 que muestran más de 8,5 millones de personas afectadas. Las cifras son probablemente aún mayores si se incluyen las numerosas personas que viven con formas de parkinsonismo, como las causadas por enfermedades degenerativas (parkinsonismo atípico), lesiones vasculares en el cerebro o efectos adversos de medicamentos como los neurolépticos.

Los datos sobre la incidencia y la prevalencia son incoherentes, especialmente en los países de renta baja y en las minorías étnicas de los países de renta alta, debido a las barreras financieras y geográficas de la atención sanitaria, la infradeclaración de casos, los diagnósticos erróneos, el desconocimiento de la enfermedad y la percepción incorrecta de que el deterioro asociado al párkinson (por ejemplo, ralentización o encorvamiento) forma parte del envejecimiento “normal”. La inconsistencia de los datos dificulta la estimación exacta del impacto global de la enfermedad.

El documento arroja luz sobre la eficacia de los tratamientos, argumentando que a pesar del importante desarrollo de fármacos, ningún tratamiento ha demostrado ser eficaz para ralentizar la progresión del párkinson. El avance de los síntomas y complicaciones disminuye notablemente la calidad de vida, lo que se traduce en altas tasas de discapacidad y necesidades de atención, así como en el estrés y la carga de familiares y personas cuidadoras.

En cuanto a los datos sobre las posibles causas del párkinson y las oportunidades para la reducción de riesgos, se citan causas ambientales (por ejemplo, la exposición a pesticidas disolventes y contaminación atmosférica a lo largo de la vida) así como factores de riesgo genéticos.

 

LAS 7 ACCIONES CLAVE

A continuación, se enumeran algunas de las acciones clave propuestas por la OMS:

  1. Políticas sanitarias globales para aplicar las estrategias en la enfermedad de Parkinson

Incluir a las organizaciones de la sociedad civil, a las personas afectadas y a sus redes de apoyo para aumentar el éxito y el impacto de las estrategias.

 

  1. Promoción y sensibilización

Mejorar la concienciación de las personas afectadas, sus familias y la sociedad para aumentar comprensión de la enfermdad y cambiar las actitudes de la población, en particular la estigmatización y la discriminación.

 

  1. Prevención y reducción de riesgos

Prohibir los plaguicidas (por ejemplo: paraquat y clorpirifos) y productos químicos (por ejemplo, el tricloroetileno) que se han relacionado con la enfermedad y desarrollar alternativas más seguras según las orientaciones de la OMS.

 

  1. Garantizar la disponibilidad de medicamentos y terapias básicas

Adaptar o modificar la legislación local para permitir la producción y aumentar el acceso a los medicamentos genéricos para el tratamiento de la enfermedad de Parkinson.

 

  1. Fortalecimiento de los sistemas sanitarios y sociales

Desarrollar vías de carrera para el personal de neurología reforzando la formación de postgrado y trabajando en colaboración con las sociedades médicas para aumentar la concienciación sobre la enfermedad.

 

  1. Apoyo a las personas cuidadoras

Ayudar a poner en práctica una formación culturalmente sensible, específica y centrada en la persona para los/as cuidadores/as y las familias, con el fin de promover el bienestar y mejorar los conocimientos y las habilidades en los cuidados a lo largo de la progresión de la enfermedad.

 

  1. Investigación

Promover y ampliar la financiación global de la investigación sobre la enfermedad de Parkinson. Generar conocimientos para informar la planificación y programación de políticas específicas.

 

CONCLUSIONES

A modo de conclusión, el informe destaca la necesidad de dar respuesta a las necesidades sanitarias y sociales de las personas afectadas para mejorar su calidad de vida, así como prevenir la discapacidad a medida que aumenta la longevidad mundial.

Por otro lado, la OMS señala la urgente necesidad de implementar acciones preventivas eficaces para frenar la creciente incidencia de la enfermedad antes de que la carga y los costes del tratamiento desborden los servicios sanitarios de los países. Para ello, será necesario un compromiso político para desarrollar estrategias, programas y servicios que sean eficaces para las personas que conviven con la enfermedad, sus familias y cuidadores/as.

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