Alteración genética y párkinson: ¿Cómo influyen los genes en el desarrollo de la enfermedad?

Aunque el párkinson no se vincula a una causa hereditaria, es cierto que un 10% de los casos de personas afectadas se atribuye a una alteración genética. Este dato ha abierto diferentes vías de estudio para entender cuál es el impacto de las formas y mutaciones genéticas en el desarrollo de la enfermedad de Parkinson. En este caso conversamos sobre la genética y el párkinson con Dr. Jon Infante, neurólogo especialistas en Trastornos del Movimiento e investigador. Su investigación Serial DaT-SPECT imaging in asymptomatic carriers of LRRK2 G2019S mutation: 8 years’ follow-up presenta un estudio longitudinal que evalúa la utilidad del DaT-SPECT como biomarcador de progresión y riesgo de fenoconversión en portadores asintomáticos de la variante G2019S de LRRK2

 

¿Qué se conoce sobre la relación de la genética y el párkinson?

Sabemos que en aproximadamente uno de cada 10 pacientes con párkinson la enfermedad está causada por una determinada alteración genética, en genes como LRRK2, GBA, PARKINA y algunos otros menos frecuentes. En los restantes casos los genes también influyen, pero esta influencia es menor, y necesitan que se den al mismo tiempo otros factores de riesgo que denominamos ambientales para que se produzca la enfermedad. Se han identificado más de 90 variantes genéticas que influyen en el riesgo de párkinson.

 

¿Por qué decidiste estudiar el vínculo entre las mutaciones genéticas y el párkinson?

Nuestro grupo de investigación llevaba años investigando factores genéticos involucrados en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y una vez extendemos este tipo de estudios a la enfermedad de Parkinson nos encontramos con la sorpresa de que nuestros casos de párkinson en Cantabria tenían una variante genética del gen LRRK2 (la variante G2019S), en una proporción bastante superior al descrito en otras poblaciones españolas y del resto del mundo, con la excepción de ciertas poblaciones judías y del norte de áfrica.

 

¿Cuál es el objetivo de la investigación?

Cuando estudiamos a los familiares de estos pacientes de párkinson encontramos que algunos de ellos eran portadores de esta variante genética pero no habían desarrollado aún síntomas de la enfermedad. Esto nos brindaba la oportunidad de estudiar las alteraciones que causa la enfermedad de Parkinson antes de que aparezcan los primeros síntomas. Por otros estudios sabemos que estos cambios pueden detectarse ya desde muchos años antes. Nos centramos en una prueba de imagen molecular, el DaT-SPECT (también conocido como DaTSCAN), que permite visualizar la región del cerebro que contiene las neuronas que degeneran en la enfermedad de Parkinson. Queríamos ver cómo avanzaba la pérdida neuronal en esta etapa presintomática de la enfermedad y saber si esta prueba, el DaTSCAN, nos permitiría identificar que personas entre los portadores de la mutación iban a desarrollar síntomas de párkinson y cuando.

 

¿Durante cuánto tiempo se ha desarrollado?

Este estudio se ha desarrollado durante un periodo de 8 años.

 

¿Cómo la llevasteis a cabo?

Participaron en el estudio un grupo de 25 sujetos portadores asintomáticos de esta variante genética. Se les evaluó en el momento basal, a los 4 años y a los 8 años realizándose en cada una de las tres visitas una exploración neurológica para detectar si tenían signos de párkinson, una prueba de olfacción y el DaT-SPECT cerebral.

 

¿Cuáles son las principales conclusiones?

Uno de cada 6 participantes desarrolló síntomas de párkinson durante el seguimiento. Vimos que precisamente estas personas eran las que tenían un mayor grado de afectación en el DaT-SPECT. También en el estudio pudimos calcular cual es la pendiente de avance de las alteraciones en el DaT-SPECT. Desde este punto de vista concluimos que esta prueba puede ser útil para monitorizar la etapa presintomática de la enfermedad de Parkinson y para identificar entre los portadores de la variante genética aquellos sujetos con mayores probabilidades de desarrollar síntomas en los años sucesivos.

 

¿Cómo puede influir la genética en el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson?

Normalmente no es necesario llevar a cabo estudios genéticos para realizar el diagnóstico de una enfermedad de Parkinson. Solo en determinadas situaciones tiene una verdadera utilidad, como es el caso de pacientes con enfermedad de Parkinson que se inicia a edades tempranas (antes de los 40-50 años), en casos en los que existen claros antecedentes familiares de la enfermedad (padres o hermanos afectos) o en determinadas poblaciones en las que la incidencia de casos genéticos es inusualmente alta.

 

¿Cuál es el impacto de un diagnóstico temprano en una persona con párkinson?

El diagnóstico temprano hoy tiene importancia en la medida que permite no demorar el inicio del tratamiento y evita privar al paciente de una mejora en su calidad de vida. También permite que el paciente adopte de manera temprana estilos de vida que favorezcan la evolución de su enfermedad. Mañana, en el momento en que dispongamos de tratamientos capaces de frenar la progresión de la enfermedad la importancia del tratamiento temprano será mucho mayor, ya que deberemos administrarlos lo antes posible, idealmente durante la etapa presintomática, antes de que gran parte del daño ya esté hecho. Para anticiparnos a la llegada de ese momento debemos seguir trabajando en este campo e identificar biomarcadores que nos permitan diagnosticar la enfermedad mucho antes del inicio de los síntomas.

 

¿Cuáles crees que podrían ser los próximos pasos tras esta investigación?

Tenemos la intención de continuar investigando en esta línea y estudiar otros biomarcadores diferentes que nos permitan mejorar la precisión del diagnóstico de la enfermedad de Parkinson en etapas presintomáticas. Es probable que para aumentar esta precisión se necesario combinar diferentes biomarcadores, clínicos, genéticos y de imagen.

 

¿Con qué problemas te encuentras al realizarla/ al hacer investigación en España?

Uno de los problemas principales con los que nos encontramos los clínicos como yo es la dificultad para compaginar la actividad clínica asistencial con la actividad investigadora dentro el Sistema Nacional de Salud. Es verdad que se están dando algunos pasos por parte de los institutos de investigación regionales que tienen como objetivo proporcionar al investigador tiempos específicos para dedicar a la actividad investigadora, pero aún queda bastante camino por recorrer. Otros problemas de índole estructural son la menor inversión estatal en este apartado comparada con la de otros países de nuestro entorno y la inestabilidad laboral del personal investigador de los grupos.

Jon Infante. Nacido en San Sebastián en 1972. Neurólogo con 20 años de experiencia, especialista en trastornos del movimiento en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander. Ha realizado más de 150 publicaciones científicas en el campo de los biomarcadores genéticos, clínicos y de imagen en enfermedades neurodegenerativas.

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